¿Cómo elegís los personajes que imitás?
Los personajes son la consecuencia, un medio, como una birome. Lo importante es lo que se cuenta. Los personajes en esta historia son una anécdota para contar la historia de un hombre que decide sacarse las máscaras.
¿Que tomás de las personas a la hora de hacer una imitación?
Primero, estudié. No podés encarar un personaje profundamente si no estudiaste arte dramático. Al menos es mi caso. Después, tener un formación amplia, haber vivido, haber sufrido, haber perdido gente, haber ganado, que te hayan dejado por amor. No es tanto lo que te da el personaje, sino lo que vos le podés aportar. Es un acto de amor. Después a lo que vos te referís es el alma. Te robás el alma, pero no te la podés robar si viviste lo anterior.
Entonces lo que estás diciendo es que en realidad los personajes que hacés son Martín Bossi.
Sí, soy yo. La gente dice: “wow, hacés de mujer, hacés de hombre”. Sí, porque hay una técnica para que yo me pueda transformar. Pero en realidad soy yo opinando. La actuación es observación + acción, y en eso está mi opinión.
SOY INOCENTE DE TU LADO MÁS CULPABLE
¿El hecho de disfrazarte y hablar a través de kilos de pintura te da impunidad?
Sí, pero la impunidad te la frena el público, porque cuando no te viene a ver más, se acabó la impunidad. Te quedaste como un loco diciendo las cosas. Hay que ser prudente: ponerte una peluca no te da derecho a cualquier cosa.
¿Y en el caso de los personajes políticos?
Yo no soy un humorista político. No me interesa mucho la política porque está hecha por hombres. No me representó nadie desde que tengo uso de razón: ni peronistas, ni radicales, ni verdes, ni rojos, ni unitarios, ni federales. La política no es muy seria para mí. Cuando hice de Cristina en “Gran Cuñado”, hace cuatro años, yo era mucho más inmaduro y mucho más inconsciente.
¿En qué cosas creés si no es en los hombres?
No creo en el hombre en la iglesia, en el hombre en la política. Creo en los hombres en los que yo elijo creer, que no tienen precisamente que ver ni con la política ni con la religión. Creo en el amor. Si el amor me lo da un político, genial.
¿Qué te gustaría ser si no fueses imitador?
Yo no soy imitador, para mí es una palabra muy fea. La imitación es una rama de la actuación que se llama mímesis que, según Aristóteles, es la base del aprendizaje. Nosotros aprendemos por mímesis. Soy un actor que utiliza la imitación como recurso.
Si es aprendizaje, ¿observar y captar gestos te ayuda a conocer más a las personas?
Aprendí a conocerme a mí a través de las personas. Ser actor es un poco ser sociólogo y filósofo.
DIME QUE ME QUIERES (EN LA INTIMIDAD)
¿Qué podés contar de “El Impostor Apasionado”?
En la obra hay un profesor que me va animando a sacarme las máscaras y yo me voy escondiendo atrás de los personajes y termino desnudo haciendo un Sandro sin ropa.
Pero aunque estés desnudo, sigue habiendo máscaras...
Ahí ya no. Después de transitar tantas máscaras, estoy yo ahí, llorando, transpirado, hablándole a la gente. Cero máscaras. Cero. Ser o no ser: es la base del teatro. Esa es la cuestión y la base del actuar.
Si “M el Impostor” es parte de una saga y ya en la segunda parte te desnudás, ¿qué te queda para después?
No sé todavía, quizás hablar del amor y la muerte son nuestros grandes temas. A la muerte le tenemos miedo todo el tiempo, pensando que nos persigue. Y después, ¡hacemos tantas idioteces por la búsqueda del amor! Mensajes de texto, peinados, compartir chocolate, hacer el amor, pelearse, vestirse, viajar...
Yo había escuchado que no era por el amor, sino por el sexo, que hacemos todo. Creo que lo dijo Freud.
Puede ser, pero yo no me subo al escenario para coger con minas, sino porque tengo una necesidad de afecto grande. Cuando era chico necesitaba que me aplaudiera mi familia y me dijera “¡Bien, Martincito!” Y cuando crecí, me subí a un escenario para que me lo digan todas las noches y me rompo el alma para que suceda.
POR ESA PUTA COSTUMBRE (DE ANDAR HACIÉNDOME EL VIVO)
¿Usás tus dotes de imitador para conseguir cosas fuera del escenario?
Utilicé el humor, que es el arma de seducción más importante para mí. Uno tiene que saber sus limitaciones: no soy Brad Pitt, entonces dije “¿cómo hago para abordar lo que más amamos los hombres, que son las mujeres?”. ¡Es la única arma que tenía!
¿Te metés en un personaje para seducir?
Cuando era chico me metía todo el tiempo en personajes. Y después me daba cuenta de que, cuando quería ser verdadero, lo que había planteado antes me quedaba a kilómetros. Decepcionaba mucho. Éramos un grupo de 8 delincuentes amigos del club de Lomas de Zamora que nos estudiábamos los libros de ventas. Leímos el de Og Mandino, “El vendedor más grande del mundo”, que es un libro profundo, pero nosotros éramos mucho más hijos de puta: para nosotros la conquista era la venta.
¿Tuviste otros trabajos antes de consolidarte como actor?
Fui profesor de tenis 10 años, jugué algunos años en primera. Era un jugador de tenis devenido en profesor. Tenía 20 años y hacía quilombo, llegaba tarde a las clases. Mis alumnos iban a tomar clases de teatro, no de tenis. Después vendí perfumes, pero no me animaba a tocar el timbre porque, como era morocho, tenía el pelo largo y andaba con buzos grandes, pensaban que les iba a robar y me daba mucha bronca.
¿Qué pensás de los actores que hacen de músicos y viceversa?
El que hizo la de los Doors, Val Kilmer, la rompió. Una vez que pensás en Jim Morrison, pensás en Val Kilmer. Si están bien hechas las cosas, cualquiera puede hacerlo. La formación te da la calidad, pero podés tener calidad sin formación.
“El impostor apasionado” es prácticamente un musical.
Porque mi vida es musical. Yo me identifico con la música. No toco instrumentos, pero sé lo que está sucediendo todo el tiempo.
Si integraras una banda, ¿qué músico serías?
Te voy a decir dos: los Doors, pero no Morrison, no me da la chapa. Sería más el baterista. Querría poder ver de cerca a Jim Morrison. Después me hubiera gustado ser un Menudo. ¡Era mi sueño de chiquito! Hubiera sido Robi Rosa, porque era el más rebelde. Esos dos extremos: de Menudo a Morrison.
¿Tu película favorita?
“Nazareno Cruz y el Lobo”, de acá a La Quiaca. ¡Es el resumen de mi vida! También me gustó “El imperio del sol”, de Kurosawa.
NADIE SALE VIVO DE AQUÍ
¿Cómo hiciste para llegar a ser un ícono de la actuación?
La única manera de ser absoluto en una carrera es tiempo y la repetición. La repetición es lo que me dio la reputación. Pero no hay secreto. Yo vengo de Lomas de Zamora, de jugar al fútbol, ¡y tuve que meterme a aprender danza clásica! Yo pensaba “por favor que no me vea nadie” porque sino ese era mi final. Y un día me tuve que vestir de mujer. Otro día tuve que hacer de stripper en una cámara oculta con una tanga en el orto. Y sí... hay que jugar. Ya desde la primera clase de clown te enseñan a aceptarte como un gran idiota y a aceptar que te vas a morir y que nada va
a cambiar. Nada. Y entonces sos más libre.
“EL IMPOSTOR APASIONADO”, CON MARTÍN BOSSI
DIRIGIDA POR EMILIO TAMER, MANUEL WIRZT Y EVELYN BENDJESKOV
DIRECCIÓN COREOGRÁFICA: ALEJANDRO LAVALLÉN
PRODUCCIÓN ARTÍSTICA: VERÓNICA VIEYRA
PRODUCCIÓN GENERAL: DIEGO DJEREDJIAN
MIÉRCOLES, JUEVES Y DOMINGO A LAS 21:30 HS, VIERNES A LAS 22 HS, Y SÁBADOS A LAS 20:45 Y 23:30 HS
HASTA FINES DE NOVIEMBRE. VUELVE EN ENERO.
TEATRO ASTRAL - AV. CORRIENTES 1639 -TEATROASTRAL.COM.AR





SOY TU REY, SOY TU PERRO, SOY TU ESCLAVO Y SOY
TU AMOR. SOY TU ESPEJO MIRANDO EL OTRO LADO...
