05/02/2010 Diario Popular - Viviana Romero
EL IMITADOR QUE EXPLOTO EL AÑO PASADO SE MUESTRA TAL CUAL ES
SIN MÁSCARAS NI DISFRACES
Dice que su único secreto es el esfuerzo y el trabajo puntilloso y que no se topó con personajes imposibles de sacar. Mientras protagoniza su propio espectáculo en Buenos Aires, cuenta la experiencia de copiar a los políticos.
2009 fue el año de su explosión en ShowMatch y, aunque dice no creérsela, se siente feliz de encabezar por primera vez su propio espectáculo en la calle Corrientes. Es que Martín Bossi, a sala llena, se encuentra presentando su espectáculo "M" EL IMPOSTOR, en el Broadway, donde -bajo la dirección de Manuel Wirzt y Ana Sanz- trata de contar una historia a partir de la imitación de diferentes personajes.
Aunque dice ser un “impostor”, Bossi está lejos de ser un improvisado: estudió arte dramático, clown, danza y canto y entrena todos los días para lograr sus imitaciones.
A punto de subir una vez más a escena, pero con el teatro aún en penumbras, el actor se sometió a una charla íntima en la cual habló del secreto de su éxito -que atribuye exclusivamente a puro esfuerzo y trabajo-, de sus personajes y de los amores que lo hicieron sufrir.
-¿Qué es El Impostor?
-Es un humorístico-musical con personajes caracterizados a un extremo muy grande, pero en el contexto de una obra que intenta ser un homenaje a las madres. Cuento lo que nos pasó a la mayoría de los que quisimos dedicarnos a esto: mi mamá quería que estudiara y yo quería actuar.
Ninguno de ShowMatch
-¿Interpretás alguno de los personajes que hiciste el año pasado en ShowMatch?
-No, porque no hacían a la historia. Hago caracterizaciones de Freddy Mercury, Charly y Calamaro, entre otros, y terminamos con un gran homenaje a Sandro.
-¿Cómo logras tus caracterizaciones?
-Con mucho laburo. No es fácil manejar los tiempos de un personaje a otro arriba del escenario. Pero con entrenamiento, amor y dedicación es posible. Conozco las líneas de mi cara y las formas de cada uno de ellos y sus líneas de pensamiento. Hay mucho trabajo. No soy un tocado por la varita mágica. Soy solamente un tipo de esfuerzo y trabajo.
Antes de dedicarse a la actuación, Bossi y su socio, Diego Djeredjian, eran rivales en el tenis, al que ambos se dedicaban de manera profesional. Pero un día, piano mediante, se dieron cuenta que lo suyo pasaba por otro lado.
El tema no era algo nuevo para Martín, que hace imitaciones desde los dos años: “Imitaba a cualquier persona que se me cruzara, desde un amigo hasta un profesor. Siendo muy chiquito me di cuenta que miraba a alguien y podía imitarlo”, recuerda.
Luego de años de “pelearla” -trabajó en televisión en Vale la Pena, Los Roldán, Patito Feo, Este es el Show y ShowMatch, además de hacer teatro con Nito Artaza-, cree que esta oportunidad que hoy tiene entre sus manos es “producto de esos años de trabajo”.
“El éxito en el programa de Tinelli se dio porque pude hacerlo en el lugar y el momento sociopolítico adecuados, además el personaje y mi madurez adecuados. Pero hace años que vengo cumpliendo muchos sueños, como haber trabajado con los Midachi, especialmente con Miguel del Sel, que es mi padrino y me enseñó muchas cosas”, aclara.
-¿Imitás sólo a quienes admirás?
-En absoluto. Hago imitaciones de gente que no admiro para nada.
-¿Hubo algún personaje imposible?
-Hasta ahora no. Con trabajo, todos se pueden. No quiero ser ni parecer omnipotente, pero creo que el actor con trabajo y perseverancia puede hacerlo. Somos todos individuos que tenemos determinadas características y se pueden sacar. Pero es cierto que hay personajes más fáciles, porque son más extremos. Con esto no quiero decir que conseguí todo lo que me propuse en cuanto a imitación. Pero los fui haciendo. Mal o bien, pero lo hice.
-No debe ser fácil ese trabajo...
-Es que para hacerlo hay que tener el cuerpo entrenado. Este es el mensaje para los chicos que quieren empezar: hay que estudiar todo lo que se pueda. Primero son horas y horas de televisor. Miro y les saco la voz. Una vez que lo consigo, voy memorizando el cuerpo y empiezo a razonar como los personajes. Después está mi opinión: bajo línea y ahí es donde hace su parte el humor. Yo remarco el trabajo todo el tiempo. Tengo 35 años y sé que no es común pensar así a mi edad en estos tiempos que corren. Se perdieron muchos valores, pero juro que lo mío es trabajo. Tengo la posibilidad de tener a mi familia, amigos, salud y poder llenar con esto la heladera todos los días. Me considero un afortunado.
-Recién decías que no te sentís tocado por la varita mágica...
-¡Es que es así! Hace mucho que me convencí de que si me muero, el mundo sigue andando y que si dejo de actuar tampoco pasa nada. Esto lo entendí siendo muy chico. Soy cero ego.
“Soy un médico del alma”
-Pero algo te debe pasar al ver por primera vez tu nombre encabezando una marquesina de la calle Corrientes...
-No, porque no me la creo. Yo quiero seguir cumpliendo mi función social. Creo que soy un médico del alma porque tengo la posibilidad de hacer reír.
-¿Hay algo más que te lleve a subirte a un escenario, aparte de las ganas de hacer reír?
-La necesidad de que me quieran. Creo que todos los actores actúan por necesidad de cariño y yo soy de los que necesitan cariño todo el tiempo. Me gustaría que piensen que me la jugué por lo que amaba y que me recuerden como un tipo que no transó con nada.
-Naciste en Lomas de Zamora. ¿Seguís viviendo ahí?
-Ahora vivo en Belgrano por cuestiones de trabajo. Pero todos los domingos voy a comer las pastas de mi vieja. Eso no me lo pierdo por nada del mundo.
-¿Sos de los que sufren por amor?
-¡Muchísimo! Y la terapia me salvó la vida, porque aprendí a manejar las cosas de otra manera y entender que yo solo me enroscaba en historias que me hacían sufrir.
-¿Te considerás una persona especialmente sensible?
-No... no lo creo. Quizá soy lo sensible que debería ser cualquier persona de las que ahora no abundan. Lamentablemente hay mucha insensibilidad...
-¿Te considerás un “impostor” y de ahí el título de tu espectáculo?
-Sí, todos los actores somos impostores. Estudiaba teatro con Víctor Laplace y me mandó a trabajar al Cervantes. Tiraba cables, nada importante. Estaba haciendo una obra con Duilio Marzio en la que éste hacía de Borges y Laplace de Perón. Y en un pasaje Duilio decía que todo actor es un impostor. Esa frase me quedó grabada, porque pienso que eso es lo que soy: un impostor. Un tipo que miente para decir la verdad.
-¿Por eso te disfrazás de otros?
-Totalmente. Siempre me escondí para decir la verdad, aunque buscando distintas formas. Soy actor y, como tal, miento para decir la verdad. Al menos la mía.



