07/02/2010 Diario La razón - Mercedes Mendez - Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Bossi llevó sus imitaciones a la avenida Corrientes. En este escenario demuestra un entrenamiento actoral para nada fugaz.
Con una importante convocatoria que le dejó su participación en Showmatch, Martín Se define como un "pibe de barrio". Un chico de Lomas de Zamora que soñaba con ser un superhéroe y que un día le tocó hacer lo que hizo siempre, pero en el programa más visto de la televisión argentina. Así responde Martín Bossi cada vez que le preguntan por el "efecto Tinelli" y cómo repercutió en su vida aquella fama, tan de golpe. Pero en el escenario del teatro Brodway, el espectador -además de reírse, cantar y aplaudir- comprende que Martín Bossi es un actor y que este trabajo -el de interpretar el lenguaje de los gestos, las expresiones del cuerpo y el sonido de una voz- lo hace desde siempre.El espectáculo "M EL IMPOSTOR" es una obra de humor que lleva a Martín Bossi a encabezar por primera vez una obra en la avenida Corrientes. Y también es una apuesta de calidad para entender el entrenamiento vocal y corporal que se necesita para lograr el nivel de imitaciones que se ven en casi dos horas de show. Bossi hace un repaso por los principales artistas que interpretó en sus diez años de carrera.
Así, pasan Freddie Mercury, Chayanne, Cacho Castaña, Sabina y Fito Paéz, entre otros. Cada uno con su postura corporal, los movimientos propios con los que los identifican sus fans, sus discursos, sus ideas y hasta con sus perfiles psicológicos. Pero de todos estos aspectos, es imposible no destacar uno: la voz. El trabajo vocal de Bossi logra imitaciones casi idénticas con algunos personajes, pero además estudia sus matices, se hace cargo, sin miedo, de las voces de los grandes cantantes, como de los que hablan desde la garganta, o pronuncian en exceso algunas letras.
Aunque el plato fuerte es, sin dudas, el talento de su protagonista, "M EL IMPOSTOR" cuenta con una puesta en escena y una dirección ideal para este tipo de obras, a cargo de Manuel Wirzt y Ana Sans. Cada cuadro está conectado entre sí, ya sea con un diálogo entre Martín y su madre, o desde una coreografía o desde la actuación unipersonal. Es muy común ver en los espectáculos de revista una serie de cuadros (monólogos, coreografías, diálogos) sin conexión entre sí. Por suerte, esto no sucede en "M el impostor". Con algunas conexiones más logradas que otras, el nuevo personaje puede aparecer entre un juego con telas, luego de una coreografía o en una excelente lucha entre dos personajes en un mismo cuerpo, claro, el de Bossi. Esto pasa en un cuadro donde del personaje de Andrés Calamaro, hay otro que pelea por salir: el de Charly García. Así, con pocos elementos de maquillaje y vestuario, el cuerpo de este actor pareciera dividirse en dos, con un personaje de cada lado. Aunque el éxito de este espectáculo esté ayudado por la fama que puede dar un programa de televisión, sólo en este juego escénico se evidencia una de las ideas del teatro de Grotowski y que reflejan la calidad de la obra. Dijo este director polaco: "El actor debe componer para sí mismo una máscara orgánica con sus músculos faciales". Esta técnica también se revela en un momento del espectáculo, donde Bossi (sin maquillaje ni vestuario) se anima a contar los secretos de sus criaturas: cómo mira Cristina Férnández de Kirchner o cómo mueve la boca Mauricio Macri. Un ejercicio clásico para los míticos mimos. Para el final, Martín Bossi vuelve a usar su potente voz para interpretar a un Sandro dramático y emotivo. A esta altura, no queda otra cosa que aplaudir.



