12/09/2009 Clarín - Jéssica Fainsod - Esta dirección electrónica esta protegida contra spambots. Es necesario activar Javascript para visualizarla
Fue tenista profesional, estudió Comunicación Social y Teatro con víctor Laplace. Se hizo conocido en gran cuñado. Actúa en la obra El impostor , con la dirección de Manuel Wirzt. Y en octubre será parte del elenco del ciclo humorístico de los domingos de Marcelo Tinelli.

Es un muchacho de barrio. "Vengo de Lomas de Zamora, de un lugar donde la novia de un amigo no se mira, donde las patadas se dan de frente, donde de chico jugábamos a las bolitas y si perdías, las tenías que entregar", se apasiona Martín Bossi, sentado con su cinturón de tachas y sus pantalones ajustando sus largas piernas bien abiertas en el estudio de Núñez de su representante. Sí, este chico de barrio hoy tiene representante, "que no es otro que mi amigo Diego de la infancia. Yo trabajo con amigos. Arrancan como amigos y luego se transforman en compañeros, y viceversa. Las cosas hechas con amor y desde el amor salen mejor. Con Diego jugábamos al tenis a los 9 años en Los Andes, el club de Lomas. Porque somos del sur", saca pecho. "Y a los 23 años, Diego vino con un piano y me dijo: 'mirá estoy tocando el piano'. Tocaba como el traste.
(Se ríe) Y nos juntábamos a ensayar dos veces por semana en su casa. Yo ponía voces, cantaba, imitaba a Eros Ramazzotti, Raphael. Ambos venimos de una cultura obsesiva del tenis, de repetición. Un día nos invitaron a un cumpleaños de 15 a actuar y después no paramos. Tengo mucha memoria auditiva. Mi papá escuchaba a Julio Iglesias, Sandro, Estela Raval. El primer casete que me regalaron fue Thriller, de Michael Jackson. Soy muy musical". Martín habla como si tuviese una catarata de palabras que le brotaran de su boca, al tiempo que mueve los brazos y sus tres aritos le brillan en sus orejas, al igual que el anillo de oro que guarda la inscripción: 'Esto también pasará', y que se lo regaló una amiga hace diez años, "cuando estaba viviendo la peor crisis de mi vida", confiesa.
Tiene 34 años y es apasionado hasta la médula. No por nada viene de una familia de tanos. Tiene una hermana, Andrea, de 28 años, que es abogada. Su mamá es ama de casa y su papá falleció hace 15 años. "Mi papá tenía una empresa de repuestos y nos estafaron. Quedamos prácticamente en la calle. A mí mamá la ayudo yo y además, trabaja de clap en Este es el show (Canal 13). Ella está feliz".
Antes era profesor de tenis y desde hace ocho años vive de la actuación. Fue cuando empezó a trabajar en la tele en Vale la pena. En 2007, llegó al teatro de revista de la mano de Nito Artaza y además, ese año, Marcelo Tinelli lo convocó para Patito Feo. Pero donde se hizo realmente famoso fue en Videomatch, con sus imitaciones de la Presidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, de Mauricio Macri y de Mirtha Legrand. "Uno nunca se recibe de actor", aclara por las dudas. "Tengo mucha kermese, mucho potrero, fiestas, mucho borracho escuchando. Eso me fue formando. Cuando llegué a la tele ya tenía un andamiaje de personajes. Igual estaba verde. Al principio, le cantaba al monitor. No sabía diferenciar una cámara de un monitor".
¿Qué te dio la tele?
En la tele ganás plata y mostrás lo que hacés para que después te vayan a ver al teatro. Mi objetivo no es ser un imitador, sino un actor que imita. Un imitador tiene treinta segundos de vida. En la obra de teatro que hago, El impostor, amalgamo la comedia musical, con el stand up y la imitación. La Cristina que hacía, no era una imitación. Me basaba en su voz y en su cuerpo y después estaba mi opinión. Planteaba cuestiones estéticas. Proponía, por ejemplo, plancharle el pelo a todas las mujeres. Y me despedí con 'Hasta la Victoria Secret'.
¿Es muy agotador imitar?
Muuuucho. Porque tenés que estar todo el tiempo sacando personajes de la galera. Es mucho más agotador que componer un personaje de ficción, que lo podés hacer caminar un año. Acá tenés que estar todo el tiempo al palo. ¿Cómo creaste a tu Cristina?
Estuve cuatro meses mirándola, una hora por día. Especialmente sus discursos en Plaza de Mayo, porque me gustaba la idea de que estuviera excitada. En Plaza de Mayo ella se excita. Para sacar adelante un personaje tenés que tener el cuerpo entrenado. Tengo muchas horas de expresión corporal, de danzas clásicas, jazz. ¿Y para qué te puede servir danzas clásicas para componer a una presidenta? Para la postura, para saber mover las manos y la calidad corporal. Tengo muchas horas de canto, de vocalización para tener la voz entrenada. En realidad, el alma maneja todo.
¿Cómo se entrena el alma?
Viene con uno. ¿Qué impulsa a un actor a componer un personaje? La historia de su vida, a qué vino, por lo que sufre.
¿Y vos, por qué sufrís?
La soledad me hace sufrir. A veces, estoy rodeado de gente y me siento solo. Me hace sufrir la mediocridad, la falta de profundidad. Vengo de un barrio. Esa fue mi cuna.
Suena romántico...
Sí, pero es así de verdad. Yo daba vueltas a la manzana con mi bicicleta quinientas veces por día y en la cuadra paralela a mi casa sentía miedo, porque era en el momento que más alejado estaba de mi hogar. Jugaba al fútbol en un potrero de barro, donde había que romperle la raíz al árbol para hacer la cancha más grande. Me mandaron a tomar la comunión y catecismo. De familia de italianos, de ravioles y mesas largas los domingos, donde jugábamos al carnaval con el vecino. Me crié en el club Los Andes. Y ahí me enamoré por primera vez.
¿A qué edad te enamoraste?
Me enamoré perdidamente a los 15 años. Se llamaba Mariana, era la hermana de Luis, mi mejor amigo. Nosotros jugábamos a las cartas y un día aproveché que ella no estaba para revisarle el diario íntimo. Y en la tercera página había escrito que estaba enamorada de mí. Casi me muero. Y ahí me hice el guapo. No me olvido más el día que me dio bola. Ella estaba escuchando a Roxette. Hoy escucho los acordes de esos temas y no es que me recuerden a ella, sino a los olores de la casa de mi amigo. El olor a Paty, el ruido de los dados sobre el cartón del Teg. Tengo mucha memoria auditiva. Mi primer beso se lo di en la tribuna de visitantes de la cancha de Los Andes. Así que imaginate de dónde vengo.
¿Seguís viviendo en Lomas de Zamora?
No. Vivo solo en un departamento en Belgrano. Me encantaría tener hijos. No he construido por ese lado aún. Hace un año y medio que estoy solo. Pero no creo en el matrimonio. Sí, en el compromiso espiritual. Tiene que haber una propuesta más interesante que la de estar solo. Vengo del barrio, pero soy bastante escurridizo.



